1 feb. 2016

¿Qué está pasando con los drones?

Me acuerdo de hace unos años, cuando solían hacerse virales de vez en cuando unos vídeos en los que se veían prototipos de máquinas con una gran cantidad de hélices, paralelas al suelo, intentar despegar. Probaban a  levantar un peso y un tamaño que parecía que no iba a levantarse nunca. Normalmente subían tímidamente, se desplazaban de un lado a otro debido a errores de calibración o de peso, y aterrizaban.

Por aquel entonces parecía que tenía que pasar mucho tiempo para que esos prototipos volaran de verdad y bien. Materiales resistentes y ligeros tenían que ser desarrollados, los motores debían tener mayor empuje y las baterías tenían que adelgazar sin perder potencia. Ya solían aparecer en videojuegos y películas medio futuristas (futuristas enteras no, porque en esas sólo salen naves de propulsión por combustión, nada de hélices: las hélices son de la pre-posthistoria) vehículos de cuatro pares de aspas que sustituían a los helicópteros, y aviones con hélices que rotaban en el eje del ala para permitir el aterrizaje y despegue vertical, y luego operar como aviones de hélice normales.

Posteriormente, hace dos o tres años comenzaron las noticias masivas en medios especializados en temas tecnológicos sobre drones. Que si una empresa estaba desarrollando drones de vigilancia, que si el departamento de defensa de algún país estaba experimentando con drones armados. Parecía que ya se hacían progresos, pero tampoco era nada inminente. O eso creía. Un año atrás comenzaron a surgir drones de cuatro hélices masivamente. Juguetes, pero no tan juguetes, con cámaras, con brazos para levantar objetos... Ahora se pueden ver en muchas tiendas, tanto físicas como en Internet. Al principio me pareció algo un poco tonto, pero últimamente me estoy dando cuenta de que los drones no son nada que deba considerarse a la ligera.

Lo cierto es que no parece que se hayan necesitado desarrollar los nanotubos de carbono o la fusión fría para empezar a construir drones que son realmente útiles. Aquellos equipados con cámara (y no una cámara de baja calidad, por cierto) permiten una visión, muchas veces panorámica o incluso esférica, de cualquier sitio al que pueda acceder un objeto volador de un metro de diámetro y 25 centímetros de ancho (o más pequeño, mucho más). Tienen una gran cantidad de aplicaciones, tanto recreativas (volar un dron por placer) como profesionales (un fotógrafo que quiera echar una foto desde una zona elevada, un servicio de emergencias que quiera adentrarse en un edificio en ruinas, o una empresa de paquetería que quiere enviar una pequeña caja, si el dron en cuestión dispone de garras o portaobjetos) y, por supuesto, militares (que son los que muchas veces impulsan la investigación de nuevas tecnologías como ésta).

Y tampoco es que los drones estén en pañales, teniendo en cuenta su desarrollo técnico. Disponen de sistemas de autodespegue, autoaterrizaje y de equilibrio automático, lo que hace que conducirlos sea muy fácil. Incluso algunos tienen estructuras de protección que les confieren una resistencia considerable. El otro día visité una tienda donde tienen una gran colección de ellos (aunque todos juguetes, o eso parecía), y uno de los dependientes hacía una demostración tirando un dron contra la pared. El dron era del tamaño de una pelota poco más grande que una de tenis, con una estructura esférica construida a base de varillas de plástico, con la que rebotaba en la pared como si se tratase de una bola de goma sin dañarse lo más mínimo, y volvía a la mano del dependiente siguiendo la misma trayectoria que al ser lanzada.

Es verdad que todavía no están muy integrados en el día a día en ningún ámbito de la sociedad. Todas sus aplicaciones están todavía desaprovechadas, pero es cuestión de tiempo que se tengan en cuenta. Sabremos que ha llegado ese momento cuando haya una legislación que regule su uso, y cuando al levantar la cabeza en las grandes urbes veamos drones pasar, de aquí a allá, con paquetes, con sirenas de emergencias o con cámaras que nos estén vigilando desde las alturas.



Uno de los artículos que me ha inspirado para escribir sobre este tema es este. Es bastante llamativo, y parece que muy entretenido. Va a haber que hacerse con unos cuantos trastos de estos y montar un club de carreras.

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