14 ene. 2016

Crítica #3: Al mundo friki

¿Alguno se acuerda de la época en la que ser "friki" significaba de verdad ser "friki"? Yo sí.

Hará ya 6 o 7 años (época de colegio), como todos los niños, salía de la escuela el viernes emocionado por el fin de semana. Algunos de mis compañeros quedaban para ir al parque, otros para quedar en casa. Cuando yo les contaba que tenía muchísimas ganas de llegar a mi casa y de jugar a algún videojuego (entonces jugaba únicamente al Ford Racing 2 y Crazy Machines 2), me miraban con caras raras y me decían: "eres un viciado". Se me quedaron bastante bien grabadas esas palabras cuando salían de la boca de (por aquellos tiempos) mi mejor amigo, posiblemente porque noté que lo decía en serio. A mi me gustaba ese videojuego, me gustaba mucho. Me podía haber pasado horas y horas jugando. Pasarme las distintas carreras me aportaba una satisfacción de objetivo conseguido que no me aportaba ninguna otra cosa.

Posteriormente, aumentó mi afición al Lego, sobre todo a la versión Technics, con la que se pueden construir mecanismos manuales, automáticos, robots, coches, y todo lo que te pudieras imaginar. Eso se juntó con mi otra afición, los ordenadores e Internet, y acabé registrado en un foro local sobre Lego. El caso es que en el foro se organizaban concursos de Lego, y hacían uno que trataba de construir un vehículo (el tipo variaba según ediciones) con piezas Technics, y competir con él. Participé en todos los que pude, antes de que los organizadores abandonaran el asunto.

Si a mis compañeros de instituto más "normales" les hubiera contado que participaba en concursos de montar Lego, posiblemente me hubieran dicho cosas parecidas a mis amigos del colegio, e igualmente cargadas negativamente.

Con 14 años, y gracias a mi gran amigo Dani (que es también de gustos especiales y poco extendidos), comencé a jugar a un videojuego llamado Minecraft (en la versión 1.0, para los interesados. Flipamos los dos cuando añadieron la jungla en la 1.1). Este juego era muy innovador ya que podías jugar a tu manera: no tenías objetivos fijos. Si te apetecía hacer una mina, la hacías. Si te apetecía hacer una puerta automática, la hacías. Si te apetecía montar una granja, la montabas. Era una especie de mundo virtual que estaba ahí para lo que quisieses. Una mina de oro para personas creativas como nosotros. En ese momento nos tachaban de "frikis". Pero "frikis" de raritos, de asociales. Una vez más, connotación negativa.

Dos años después, y no se sabe muy bien cómo, la gente normal empezó a jugar a los videojuegos, a ver películas de "frikis", a jugar a juegos de rol en la vida real, a escuchar música metal y a ver series. Yo me alegré un montón. Por fin había gente como nosotros, a las que les gustaban los videojuegos, el metal, los puzles geométricos, los ordenadores. Era muy divertido y ampliamos nuestros círculos. Comenzamos a ir a una discoteca alternativa, de música metal, y la gente era diferente. Había personas con el pelo teñido de colores, vestidos de negro, con pulseras de pinchos, sombra de ojos, camisetas de bandas. Allí, la gente era muy sociable y te podías llevar muy bien con ellos.

Hace un año, me empecé a dar cuenta de que ya comenzaba a aburrir esta moda. La gente abría miles de canales de YouTube para subir vídeos de su pantalla de ordenador mientras jugaban a Minecraft, ya juego de moda, y por excelencia de "frikis". Millones de cuentas de Twitter mostraban cómo su dueño se autoetiquetaba de "friki", "gamer", "amante de lo japonés", "kawaii", "desu nee" (algo que nunca he sabido lo que significaba). Todo el mundo veía series de moda entre "frikis" como Breaking Bad. Se veían "frikis" por todas partes. "Frikis", "frikis" y más "frikis".

Entonces me cansé. Ya era una súper moda. Todo el mundo quería ser "friki". Todo el mundo lo era. La palabra cambió su significado para siempre. Se convirtió en una de las modas del posturismo (postureo) masivo. Incluso los "neofrikis" te decían que tú no eras "friki" porque no te gustaba tal cosa, no veías tal serie, no jugabas tal videojuego, aunque fueras el antiguo niño que ansiaba llegar a su casa para jugar al juego que le vino en una caja de cereales. El mundo "friki" fue dominado por la masa, y hoy en día permanece en el mayor auge que he visto en mi corta vida.

Si te compras la PS3 y juegas al Call Of Duty, ya eres "friki". Si ves Breaking Bad o Juego de Tronos, ya eres "friki". Si te compras un ordenador con luces LED cuya caja tiene mejor coeficiente aerodinámico que un Lamborghini Reventón sólo para jugar a los videojuegos, ya eres "friki".

En cambio, si sabes de ordenadores, no tienes por qué ser "friki". Si montas Legos, no tienes por qué ser "friki". Si te gusta leer, no tienes por qué ser "friki". El único requisito para clasificarte como "friki" es mostrarlo descaradamente e infantilmente.

Yo, después de muchas horas leyendo y experimentando, he acumulado una experiencia suficiente con sintetizadores virtuales como para creer que sé hablar de ellos. Participo en foros diariamente, hago música con ellos en mi casa, y me encanta programarlos. Desde luego que dentro del mundo de la síntesis soy un novato, pero para el resto de la gente que no distingue un DJ de un "productor", soy un experto. Según la antigua etiqueta "friki", podría clasificarme perfectamente. Si hubiera un permiso para ser "friki" (de los antiguos), yo me lo podría sacar. En cambio, según la nueva etiqueta "friki" (la etiqueta "neofriki"), no cumplo los requisitos. No tengo una cuenta de Twitter activa en la que postee diariamente mis videojuegos o libros sobre sintetizadores. No tengo la habitación llena de pósters con mis compositores de música electrónica favoritos, o con mis videojuegos favoritos, o sobre mis libros favoritos (aunque éstos últimos tampoco me clasificarían). No tengo camisetas que demuestren a la gente de a pie que escucho determinados estilos de música, o complementos que demuestren que me gustan los videojuegos.

Ahora, los "frikis" se preocupan más por mostrar que son "frikis" que por serlo de verdad. Antes, un experto en videojuegos se habría recluído en su casa para jugar a sus títulos favoritos. Ahora, el que dice ser experto en videojuegos, simplemente tiene su habitación llena de pósters, tiene gorras, camisetas, calzoncillos, bufandas de un videojuego que le gusta. Pero cuando le toca demostrar que sabe de ordenadores, no puede. Porque simplemente es una persona normal, que quiere ser aceptado en un grupo social, y el grupo social de los "neofrikis" le pareció bien.

Hace unos meses, me dio por dejar de llamarme a mí mismo "friki". Ya no merece la pena asignarse ese adjetivo. Antes, me podría haber servido para encontrar gente de mi estilo. Ahora, no.

Es el fin de los "frikis", y el desarrollo del mundo "neofriki".



[Me gustaría hacer una aclaración importante. Mi intención no es infravalorar el mundo "neofriki", o descatalogar a los "neofrikis" de "neofrikis". Simplemente quería hacer un énfasis en cómo el mundo "friki" ha cambiado, y los que antes nos podíamos  identificar como uno de ellos, ahora no.]

2 comentarios:

  1. Me siento muy identificado con tu reflexión. A mis 17 años puedo considerar que he visto como se desarrollaba también está tendencia. Era tan satisfactorio en gran parte saber que por la tarde mis amigos y yo podríamos quedar para jugar por conexión inalambrica (bendito online) al Mario Kart de la DS... Ahora ya no me puedo clasificar como "friki" supongo. Se ha desvirtuado tanto el término que ya es casi como un apellido para todo niño de 12 años deseando emular sus youtubers favoritos. En parte esa ilusión ya se ha perdido, la de un verdadero "friki" Por eso me alegra que gente como tú pueda conservar esa pasión por lo que ama, y lo defienda como yo defendería una tarde de frenéticas carreras sentado en el suelo de mi habitación con mis amigos. Yo decidí rendirme hace tiempo, porque al fin de al cabo, y por mucho que me pese, no puedo negar que el entorno que me rodea me hace cambiar, me obliga a evolucionar. Parte de esa ilusión ya se ha perdido, y el resto se irá difuminando poco a poco, cuando tras un mes en el mercado salga otra consola que reemplace a la anterior, o cuando Asking Alexandria pase a estar en todas las camisas de los jóvenes que se reúnen en Plaza de España. Puede sonar pesimista pero es lo que somos, un pequeño grano de arena movido por la tormenta, mecido suavemente si se deja llevar por la corriente o enterrado de nuevo si se rebela contra ella.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno Fernan, me alegra ver que estás por aquí de nuevo, y sobre todo que entiendes perfectamente a qué me refiero en esta entrada. Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que me escribes. Desde luego que no sé como has llegado a este blog, pero estoy súper contento de tenerte por aquí. Admiro tus comentarios.

      Eliminar