29 nov. 2015

Crítica #2: A los móviles y las redes sociales

Tras una larga semana de instituto, de muchas horas de mensajes en Whatsapp por los grupos de amistades, llega el fin de semana para el adolescente medio. ¡Qué alegría! ¡Por fin podrá quedar con los amigos con los que ha estado hablando toda la semana!

Son las 15:30 del viernes, después de comer, y nuestro protagonista (chica o chico, no hago ningún tipo de distinción, al que llamaremos X) coge el móvil para decidir dónde y a qué hora va a quedar. Unos amigos dicen que en la plaza, otros que en el centro comercial, y finalmente acuerdan, tras 15 minutos de mensajes, verse en la estación y allí decidir qué hacer.

X llega a la estación a las 16:50, diez minutos antes de lo acordado. En frente de la estación hay un bonito parque con una charca y unos patos. Es verano, algunas patas han tenido patitos, y se puede ver a una madre con sus 5 hijos detrás. X les hace una foto para Instagram e inmediatamente vuelve a su posición de espera al lado de la puerta de la estación, abriendo Twitter (para ver qué tuits han puesto en esos 20 minutos en los que no ha estado atendiendo a dicha red social).

Tras 15 minutos de Twitter llega un amigo. Después de un breve saludo y un "¿qué tal la semana?" se preguntan dónde estará el resto de compañeros, y cogen sus móviles, llamándoles y mandándoles mensajes para intentar averiguarlo.

Son las 17:20 y ya están todos los amigos reunidos. Deciden ir a dar una vuelta por el centro comercial, para lo cual hay que coger el metro. Sacan sus billetes, esperan en el andén (aprovechando para mirar los grupos de Whatsapp), y una vez en el vagón se echan una foto para Twitter e Instagram: "Aquí con los amigos :D :) 8) ^^3". A una amiga de X le llama la atención que su "peor enemiga" le ha dado "like" a la foto, y se ponen a cotillear su cuenta (poniéndola a parir, claro). El resto de amigos, sintiéndose un poco ignorados, echan una partida al "Geometry Dash". Cuando el tren llega a su destino toca bajarse. X llama a su madre para avisar de que ya salen del metro y van a entrar en el centro comercial.

El lugar está lleno de gente: es época de rebajas. En algunas de las tiendas de ropa no se puede ni caminar, y las de móviles tienen sus escaparates plagados de ojos dirigidos a los Apple iPhone 6S, LG G4, Samung S6 y HTC M9, entre otros muchos modelos más, cada uno el doble de potente que su predecesor de hace 4 meses y la mitad de grande que su ya anunciado sucesor. Es difícil caminar por los pasillos. Los arbustos artificiales, papeleras y bancos tampoco ayudan y la pandilla de X se refugia en un Starbucks.

Yo salgo de una tienda de chuches después de coger algunas pastillas de regaliz y un poco de chocolate, paso al lado del escaparate del Starbucks donde está X. No me esperaba encontrármelo aquí, pero en lugar de alegrarme me entra una depresión tremenda. X y sus amigos, al igual que la gran cantidad de adolescentes de mi generación, están sentados en la misma mesa, todos con un café, pero mirando sus móviles. Han quedado para revisar los mensajes pendientes en amor y compañía. Me parece ver que uno está moviendo la boca, pero estoy seguro de que estaba hablando solo o comiendo chicle. Está cada uno atento a su terminal. Es posible que incluso estén interviniendo en el mismo grupo de Whatsapp.

Con X tengo una relación muy buena. Lo cierto es que nos entendemos muy bien, es muy buena persona y en el instituto siempre andamos riéndonos. Es alguien a quien valoro mucho, pero verle hacer esas cosas me destroza por dentro. En realidad sé que no es algo que sólo haga X, lo hace todo el mundo, pero supongo que es justamente eso lo que de verdad me duele, lo que me hace pensar que la gente ya no valora las relaciones humanas tanto como antes.

O mejor dicho, la gente parece que ya no valora las relaciones humanas en directo, en persona, en físico, donde la interacción entre las personas es mayor, donde cualquier signo, gesto o expresión significa algo (y mucho más de lo que la gente se piensa): las relaciones humanas por naturaleza, para las cuales estamos diseñados tanto físicamente como emocional y mentalmente. En cambio, sus relaciones "humanas" a través del móvil son para lo que parece que vive el sujeto en cuestión. Fotos, estados, mensajes de todo tipo, de todas las formas posibles, con emoticonos, sin ellos, día y noche, mañana y tarde. No importa que estés con tus compañeros de clase con los que no te llevas nada bien, o que estés con tus mejores amigos. No importa que hayas quedado con tu familia o con tu pareja. El móvil está siempre ahí. En cierta manera, es como el hijo del siglo XXI: te gastas mucho dinero en él, lo cuidas para que siempre esté cómodo (con sus fundas) y guapo, y, sobre todo, siempre te necesita: te llama con sus luces, con sus vibraciones o con sus llantos y gritos, para que vayas a hacerle un poco de caso. Además, una vez que lo consigues ya no puedes deshacerte de él. La sociedad te condena a arrastrarlo donde quiera que vayas, a todas horas y para siempre.

Porque claro, ¿quién quiere deshacerse de su teléfono "inteligente"? ¿Hay alguien que no esté contento con él, que esté dispuesto a rechazar a la sociedad de hoy en día, a no estar en contacto permanentemente y cuando sea necesario con sus compañeros, familiares o amigos? Por supuesto que los hay. Pero el problema es que hay pocos. Muy pocos. Y lamentablemente necesitaríamos una red social para ponernos en contacto y conocernos.

5 comentarios:

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  2. Te felicito por esta reflexión.
    Me conmueve y a la vez me alegra lo que con tanta claridad transmites.
    Esta entrada en el blog debería ser leída por adolescentes y adultos, debería difundirse a través de las redes sociales.
    El simil que haces con " el hijo del siglo XXI es muy bueno.
    Gracias por tu aportación

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  3. Admiro tu ilusión y espontaneidad a la hora de expresar tu opinión acerca de este tema. Si bien es cierto que la tecnología, y en especial la telefonía móvil, ha desvirtuado las relaciones físicas y cara a cara con personas de nuestro entorno más cercano como amigos y familiares, ha supuesto una mejora exponencial a la hora de mantener relaciones a distancia. Nuestra antisociabilidad cara a cara con personas no es más que un producto no solo de un mal uso en exceso de las redes sociales y otras aplicaciones, sino de la confianza que nos puede presentar la comunicación a través del móvil, evitando cualquier situación incómoda, contacto visual con la persona que hablamos e incapacidad de apreciar la reacción del receptor ante nuestros mensajes y viceversa. Esta aparente "ventaja" a la hora de relacionarse por redes sociales es lo que parece afianzar el móvil sobre la relación tradicional y física entre dos personas, lo cual es una desgracia como tú has comentado. Simplemente creo que es necesario apuntar que la tecnología y más concretamente sus aplicaciones, como las redes sociales, fueron creadas con una intención de mejorar nuestras relaciones sociales, en especial aquellas a distancia. La situación a la que hemos llegado, por tanto, no es más que un producto de un mal uso de la tecnología.

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    1. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Supongo que al escribirlo se me olvidó anotar ese matiz. A mi me encantan los móviles y las redes sociales, pero al menos soy el primero en criticarlos (qué mejor que criticar lo que conoces de verdad). También he mantenido alguna relación a distancia, como comentas, con alguna persona a la que, de hecho, no la he visto nunca y posiblemente no la vaya a ver. En ese sentido, me pareció súper interesante. El caso es que lo que me llevó a escribir esta entrada fue que, lamentablemente, personas de mi alrededor tienen unos problemas de los que me encanta hablar: "prefieren" la comunicación por mensajería instantánea que en directo. Pero simplemente es porque tienen problemas para afrontar lo que supone comunicarse en persona: se sienten algo así como "vulnerables". En cambio, detrás de la pantalla no tienen ningún problema en decirme cualquier cosa. No me importaría que tuvieran esos problemas si no fuera porque me afecta directamente a mí.

      De todas formas, me encanta ver que alguien lúcido (como me dijo mi profesor de filosofía cuando visité su blog) como tú visita mi blog y me deja cosas para leer, aprender, y corregirme.

      Saludos.

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    2. De verdad me alegra que aceptes mi mini crítica constructiva a tu reseña,que es, personalmente, una pequeña joya. Te animo a escribir con más asiduidad porque tienes madera de filósofo y posees unas grandes dotes de expresión. Además, son reflexiones con la que tus lectores nos sentimos muy identificados y que son muy necesarias en la sociedad actual.
      Muchas gracias por responder.

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